Camera di Commercio Siciliana di Argentina

Territorio, cultura y población

Sicilia es la isla más grande del Mediterráneo. Constituye junto a grupos de islas menores (Islas Eolias, Ustica, Islas Égades, Islas Pelagias y Pantelleria) una región autónoma a estatuto especial de la República Italiana. Está separada de la península itálica por el Estrecho de Messina (3 km de ancho). El sistema orográfico de la isla es complejo y se articula en varios grupos de montañas y colinas. La zona nororiental posee características muy particulares, ya que está dominada por el volcán más alto y activo del continente europeo: el volcán Etna (3.340 m). La única zona de llanura fértil se encuentra en la denominada "Piana di Catania". La red hidrográfica está constituida por cursos de agua generalmente breves y en la mayoría de los casos torrentosos. El clima de Sicilia es típicamente mediterráneo, caracterizado por veranos largos y cálidos e inviernos por lo general templados.

Con una superficie del 8,5% del total nacional, Sicilia tiene una población que constituye el 8,8% de toda Italia. La distribución demográfica sin embargo no es homogénea: la mayor concentración de habitantes se encuentra en las zonas costeras, mientras que en el interior se pueden encontrar algunas zonas completamente despobladas. En los últimos años la migración hacia las ciudades se hizo aún más fuerte. Además es siempre creciente la tasa de emigración hacia el norte de Italia o hacia el extranjero.

Para comprender a fondo la cultura siciliana es necesario, quizás como para ninguna de las demás regiones italianas, conocer por lo menos en modo breve su historia, que la transformó en teatro de varias dominaciones extranjeras.

En la antigua Grecia, Sicilia no tuvo una historia unitaria, no obstante el predominio que ejerció hasta el siglo III a.C. la ciudad de Siracusa. Fue teatro de incursiones y dominaciones en el siglo III d.C., fue dominada por los Francos y en el siglo V se verificó un establecimiento de Vándalos en las costas occidentales.

Finalmente en el año 535 los bizantinos reconquistan la isla que se transforma en provincia bizantina con capital en la ciudad de Siracusa. A finales del siglo IX, Sicilia fue completamente sometida al dominio árabe y fue gobernada por la dinastía de los emires Kalbitas. Este fue el período de mayor esplendor de la Sicilia árabe, ya sea en lo económico que en lo cultural. Luego la caída de los Kalbitas rompió con la unidad de la isla, que fue dividida en feudos. En el 1061 llegaron los normandos, que inician la conquista de la isla comenzando por la ciudad de Messina. En treinta años logran la conquista de Sicilia y por ende, el dominio cristiano, reduciendo por completo la resistencia musulmana. La conquista total por parte de los normandos se realiza en el año 1091. Gran importancia tendrá para la civilización siciliana el reinado de Federico II Hohenstaufen, que desarrolló una política de carácter europeo e imperial, protegiendo las artes y la ciencia. Con la muerte de Federico II en 1250, se abre una gran crisis para Sicilia. Varios sucesos llevaron a Sicilia a perder su autonomía y a ser en el 1412 parte de la corona de Aragón y luego de España. Sicilia bajo el dominio español conoce la introducción del tribunal de la inquisición, una fuerte presión tributaria y una grave corrupción. El siglo XVII es marcado por fuertes revueltas debido al hambre y por incesantes protestas en contra de los españoles. En la primera mitad del siglo XVIII, Sicilia se transforma en dominio de Victorio Amadeo II (1712-1718), luego dominio austríaco (1718-1734), y finalmente, conquistada en el 1734 por Carlos de Borbón, constituyó hasta el 1860 con Nápoles un reino bajo dominio de los Borbones de España. El 25 de marzo de 1848 el Parlamento Siciliano declaraba el fin de la dinastía borbónica confiriendo el poder a Rogelio Séptimo. En 1860 con la expedición de los Mil de Giuseppe Garibaldi, Sicilia pasa a integrar el Reino de Italia.

Las aspiraciones separatistas sicilianas, siempre aumentadas a través del tiempo por los diferentes hechos históricos, fueron satisfechas luego de los tristes sucesos que se vivieron en Sicilia a finales de la Segunda Guerra Mundial con la constitución de la Región Autónoma Siciliana. En ninguna otra región italiana la realidad, las tradiciones y la cultura son fruto de la memoria y el orgullo que tienen origen en la larga historia de esta isla eternamente invadida, mil veces obligada a enfrentarse con la cultura, el idioma y las costumbres de los conquistadores y siempre capaz de asimilar, reelaborar, reducir a su propia medida los aportes llegados desde el extranjero. La vida de los sicilianos, su dialecto, sus costumbres y su alimentación son el resultado de encuentros milenarios.

 

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